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Comentario por Binyamin Netanyahu



(29 de Marzo) - Desde Yom Kippur en 1973, Israel no había experimentado un ataque árabe tan violento y salvajemente despreciable hacia nuestro pueblo como el que se experimentó este año en la víspera de Pessah.



Este mensaje que nos envían los terroristas palestinos está perfectamente claro: os asesinaremos en cada oportunidad, en cualquier lugar, en cualquier momento, incluso durante vuestros días mas sagrados.



Una carnicería incesante, que mata sin la menor discriminación a todos aquellos que se encuentran al alcance asesino de los terroristas palestinos muestra la profundidad de su odio. Es evidente que la única coacción para los terroristas árabes es su capacidad destructiva. Si tuviesen el poder para hacerlo, nos destruirían a todos nosotros, hasta el último bebé.



El objetivo principal del régimen terrorista de Arafat no es el establecer el estado árabe número veintidós, sino destruir al único estado judío. Esto ha sido y continua siendo el quid del conflicto.



En 1948, los árabes rechazaron una resolución internacional que hubiese establecido un estado árabe y en lugar de ello intentaron destruir un estado judío embriónico. Cincuenta y dos años después, Arafat rechazó una oferta similar y exigió que Israel se viese literalmente invadido por millones de palestinos, una medida que conseguiría, de modo efectivo, destruir el estado judío de Israel.



Con semejante régimen, cuyo objetivo definitivo es nuestra destrucción y que persigue este objetivo haciendo uso de los métodos más bárbaros que se pueda imaginar, no hay lugar para las negociaciones y no hay tampoco esperanza de llegar a ningún acuerdo de paz que se pueda mantener.



De hecho, la tan jactanciosa solución política de poner fin al conflicto se intentó hace dos años en Camp David, fracasando estrepitosamente. Arafat rechazó la oferta escandalosa y de gran alcance de un estado palestino soberano en Judea, Samaria y la Franja de Gaza, que incluía la mitad de Jerusalén optando, en lugar de ello, por desencadenar la actual guerra de terror en contra de Israel.



En la actualidad a Israel le queda tan solo una opción: el ganar, de manera decisiva, la guerra en la que nos han obligado a participar. Lo que se requiere de nosotros hoy no es el que estemos dispuestos a apretar los dientes y soportar esta violencia. En lugar de ello, lo que debemos de hacer es conseguir una total victoria militar en contra de un enemigo implacable que está haciendo una guerra terrorista en contra de nosotros.



Lo primero que debemos de hacer y de inmediato es desmantelar a la Autoridad Palestina y echar a Arafat. En segundo lugar, debemos de formar un círculo alrededor de los principales centros de población palestina, purgar de ellos a los terroristas y erradicar la infraestructura terrorista. En tercer lugar, debemos de establecer líneas de separación de seguridad, que permitan a las fuerzas armadas israelíes entrar en territorio palestino, pero que impida a los terroristas palestinos entrar en nuestros pueblos y ciudades.



La decisión con la que nos enfrentamos en la actualidad no es entre una victoria militar y una separación de seguridad, sino que es mas hacer las dos cosas al mismo tiempo. Solamente combinando estas cosas acciones podremos detener el terror, restaurar la disuasión que se ha visto gravemente erosionada durante los dos últimos años, haciendo posible un liderazgo realista y moderado que surja entre los palestinos, con los que podamos conseguir un establecimiento político en el futuro.



Al igual que sucede con una dosis parcial de antibióticos, que no es suficiente para curar la enfermedad, las acciones parciales del gobierno y los cambios intermitentes entre una política de circunspección y acciones militares poco convincentes no ha logrado ni logrará nada. Nuestra excesiva preocupación en relación con la comunidad internacional también ha dado como resultado un amargo fruto. El que Israel se haya negado hasta el momento a actuar como lo haría cualquier nación que se respetase a sí misma, hace que aumenten las dudas en las mentes de nuestros amigos respecto a la justicia de nuestra causa y anima a nuestros enemigos a aumentar el derramamiento de sangre.



La única manera de ganarnos la comprensión internacional respecto a nuestra postura, especialmente en los Estados Unidos de América, es afirmar con determinación nuestro derecho básico a defendernos y a conseguir una victoria militar rápida y decisiva, que ponga fin a la terrible masacre de nuestros ciudadanos.



Por último, la afirmación de que hemos probado todos los medios militares para poner fin al terror carece de todo fundamento. No hemos usado ni siquiera una fracción de nuestra potencia militar y lo poco que hemos usado no ha ido dirigido al objetivo correcto, es decir, a acabar con el régimen de Arafat. Hoy en día, después de soportar 18 meses de terrorismo, el gobierno continua funcionando bajo el concepto iluso de que es posible detener el terrorismo sin desmantelar esta principal máquina terrorista.



Lo que está perfectamente claro es que no podemos continuar, ni siquiera un día mas, en el camino de la indecisión, sin un objetivo o una política. Debemos de hacer lo que haría cualquier nación en nuestro lugar: dejar de discutir entre nosotros, participar en la guerra en la que nos han obligado a luchar y derrotar a un enemigo que está dispuesto a aniquilarnos.



(El escritor es el anterior Primer Ministro de Israel.)

traducido por:

Ms. Rhode Flores Ward

rhodef@bigplanet.com


The Case Agianst Israel's Enemies by Alan Dershowitz
Coming from England and particularly from the BBC, MUST BE SEEN VIDEO!
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äìéëåã 2006
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